Fake news: El gusano en la fruta

Raúl Antonio Capote

Internet ha sido una verdadera revolución, sobre todo, en la manera de comunicar y difundir noticias, contamos hoy con una gran diversidad de canales y medios, en fracciones de segundo nuestro mensaje llega a cualquier rincón de la tierra. Un simple ciudadano hace viral  una noticia desde el banco de un parque, o desde la sala de su casa, solo necesita un Smartphone.

Las noticias falsas se han puesto de moda y no es solo el periodista o el ciudadano armado de un teléfono inteligente los que fabrican una fake news para buscar la efímera fama de los clic y de los me gusta, los gobiernos son los mayores creadores de noticias falsas, existe un interés marcado en distorsionar la percepción de eventos que el público no puede juzgar, ni evaluar objetivamente ante el alud de la falsa información.

Pero nada de esto es nuevo, la mentira  elaborada ha sido una práctica de los grandes medios corporativos, de la industria de las relaciones públicas, esta última una fábrica de falsedades al servicio del poder global del capitalismo.

Uno de los ejemplos más notables de noticias falsas fue la información que el secretario de Estado de los Estados Unidos Colin L. Powell suministró en 2003 para justificar la invasión de Irak. En una reunión del Consejo de Seguridad, el alto funcionario estadounidense, hizo una larga presentación de supuestas pruebas para demostrar que el régimen de Sadam Husein tenía armas de destrucción masiva. Era mentira pero ayudó a justificar la invasión.

The Rendon Group, uno de los más grandes grupos transnacionales de la industria de las Relaciones Públicas fue contratado por la CIA para desacreditar  al general Noriega, entonces Presidente de Panamá. El éxito de la campaña justificó la invasión a ese país latinoamericano en 1989. La producción de fake news alcanzó niveles sin precedentes, antes, durante y después de la agresión.

El falso testimonio de una niña kuwaití, diseñado por parte de Rendon, ante el Congreso de los Estados Unidos y millones de televidentes de todo el mundo, donde acusaba a los soldados iraquíes de la muerte de 312 bebes, fue el mecanismo utilizado para manipular la opinión pública con el fin de justificar la agresión a Iraq en 1991

Burson- Marsteller otro de los grandes grupos de Relaciones Públicas, con oficinas en 35 países, intentó construir una imagen positiva de la junta militar argentina. BM ha trabajado la imagen de compañías como Unión Carbide y Monsanto y producen fake news que favorecen las ventas de muchas transnacionales acusadas de dañar los ecosistemas de las naciones donde están establecidas, apoyan con sus mentiras prefabricadas campañas políticas de la derecha en todo el mundo y combaten decididamente, lo que ellos llaman la “mentira del cambio climático”.

El empleo de noticias falsas es una práctica común para las agencias de inteligencia de Estados Unidos. Para ellos la única verdadera noticia es la que ellos fabrican; todo lo demás es falso.

No es difícil comprender las consecuencias de estas prácticas. El periodista estadounidense, Derrick Broze considera que “los medios de comunicación de propiedad corporativa, y sus socios en el Gobierno, trabajan horas extras para difundir el meme de la falsa noticia”.

Aquéllos que controlan Internet intentan controlar nuestras ideas, atiborrándonos con noticias falsas. El presidente George W. Bush explicó  en una oportunidad a raíz de los sucesos del 11 de septiembre “En mi línea de trabajo, tienes que seguir repitiendo las cosas una y otra vez para que la verdad penetre, en una especie de catapulta de la propaganda”.

Durante las últimas elecciones estadounidenses las historias fabricadas atrajeron más participación en las redes sociales que las noticias reales. Las historias engañosas de fuentes ilegítimas, aprovecharon la popularidad de  plataformas tecnológicas como Facebook y Twitter para compartir contenidos  espurios. La batalla por enlodar al contrario convirtió el escenario de las redes digitales en un auténtico basurero.

El actual Presidente de los Estados Unidos Donald Trump ha sido acusado repetidas veces de manipular a la opinión pública a través de Twitter, plataforma que usa sin reparos, sus 50 millones de seguidores, fidelizados con su lenguaje de fabricada irreverencia, multiplican los mensajes y expanden hasta el infinito los contenidos del grupo de poder que Trump representa.

Según el Pew Research Center cerca de la mitad de los estadounidenses usan esa plataforma como su fuente primaria de información. Casi nada. Contenidos sin verificar, muchos de ellos salidos de los laboratorios de guerra psicológica, elaborados para la guerra cultural, se convierten, para el confiado seguidor en noticia fidedigna, ya que “no se puede confiar en los grandes medios masivos de comunicación” (en verdad no se puede) y se tiene el criterio de que lo que lee, lo que consume en las redes sociales es noticia blanca, nacida del ejercicio libre de ciudadanos comunes

Cuba fue en el 2017 uno de los países con más perfiles nuevos creados en Facebook, el crecimiento exponencial nos sitúa en la posibilidad de visibilizar la realidad cubana, pero nos convierte en consumidores de la mentira, de las fake news, de la llamada posverdad o mentira emotiva

Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Facebook, reconoció que “identificar la verdad es complicado“.

Posverdad que busca desmovilizarnos, dividir y confundir, absurdas al parecer, efectivas cuando, confiados, damos por cierto lo que se “comparte” en Facebook, cuando no vemos a nuestro enemigo jurado tras la mentira emotiva

Las fake news contra Cuba, fabricadas y replicadas por los medios de comunicación tradicionales, las redes sociales y las populares y poderosas plataformas tecnológicas de la comunicación, son la vanguardia del ataque contra la Revolución, se encargan de inventar y reiterar mentiras, para destruir las defensas ideológicas, para hacernos vulnerables.

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