Posverdad: Mentiras son mentiras

Por: Raúl Antonio Capote

David Roberts es considerado el creador del termino posverdad, David se refería a las falacias del tercero independiente, ese invento genial de la manipulación, que data de la época de  Luis Bernays e Ivy Lee, si un ejecutivo de la General Motor niega el cambio climático nadie le cree, ellos producen automóviles, pero si en lugar de gastar el dinero en propaganda reactiva, crean un instituto científico dedicado a demostrar que no existe el cambio climático y un experto de ese instituto anuncia que es una mentira de los ecologistas, un complot de los comunistas para perjudicar a la “sociedad libre”, entonces las probabilidades son mayores de que las personas les crean

El diccionario de Oxford en 2016 declaró posverdad como la palabra del año.  La derecha neoliberal, enardecida por su avance en el siglo XXI, le dio carta de ciudadanía. Donald Trump y Nigel Farage, ambos falsarios sin escrúpulos, capaces de mentir con absoluto desparpajo y luego negar lo dicho con total desembarazo, se convirtieron a los ojos del mundo, en los paladines de la posverdad.  En los tótems ideológicos del absurdo.

Al capitalismo del siglo XXI le caracteriza una indiferencia absoluta con la verdad, el concepto de posverdad pretende encubrir las razones de la desigualdad, el racismo, la violencia y la discriminación.

Nada parece más apropiado para el hombre posmoderno que la posverdad, hombre objeto, despersonalizado, desculturizado, irracional y alienado, errante en medio de una sociedad que también se encuentra alienada hasta lo más profundo.

El hombre posmoderno se ha transformado en un hombre desvinculado de casi  todo aquello que le rodea, menos de su Smartphone y de una decena de  productos que consume vorazmente. Sumergido en su burbuja, esclavo de los aparatos, rodeado de sensores y softwares que saben más de su vida que su familia. En otras palabras, un individuo rebajado a la categoría de cosa.

Vive solo para sí mismo, pensando en el placer sin restricciones, trivial y efímero. Enciclopedista del conocimiento inútil, que vive en medio de un alud de información que lo desculturiza y  lo desinforma. En fin el hombre del capitalismo, el hombre pos.

Se trata de aniquilar lo que contradiga, lo que interpele, lo incómodo, lo difícil, lo profundo y lo social. Nada nuevo bajo el sol. Lo nuevo son los medios tecnológicos que se utilizan a través de las redes sociales, donde se inventan ideas falsas, donde se inventan noticias.

La algoritmatización de los intercambios sociales aísla a los sujetos y los sumerge en burbujas, donde conviven solo con quienes piensan como ellos, coexisten sin importar si la noticia que difunden es falsa o verdadera

Pero no debemos confundirnos, no son Facebook, ni Google, ni Twitter los responsables de la creación de las llamadas burbujas ideológicas, no son las redes sociales las responsables de instaurar la cultura de los algoritmos, es el poder hegemónico quién utiliza los medios de comunicación y las redes sociales, para instaurar la cultura neoliberal.

Ellos necesitan audiencias repetidoras de falacias emotivas donde predomine el punto de vista hegemónico. La posverdad con su capacidad de consenso aplastante, su glamour autoritario, su potencial de usurpación simbólica

Su esencia es subordinar los hechos a las habilidades emocionales del manipulador, a su capacidad de actuar, de dramatizar la mentira. Debemos recordar que nada de esto es nuevo, era la esencia de la propaganda de Goebbels, de Mussolini, del naciente imperio estadounidense cuando la comisión Creel y los gurúes de las relaciones públicas, lo nuevo, insistimos, son las tecnologías, la revolución científica que ha movido al mundo de lugar, Internet y sus posibilidades, muchas de ellas aún sin predecir.

 

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“En suma, si el capitalismo anhela manipular la percepción y las creencias con rumores y calumnias, con sobrecarga acelerada de información falsa para decir que hay “crisis humanitaria” donde hay luchas sociales; para imponer “guerras económicas” y decir que la voluntad popular no es confiable o lograr que nadie pueda reconocer la verdad de las luchas y eso deje de tener importancia… entonces la “plus mentira” también es un campo de guerra en la Batalla de las Ideas|”[1].

La tecnología de hoy influye en la conducta de las sociedades modernas. Tiene la capacidad de deconstrucción histórica, de desconceptualización y apropiación simbólica que no tuvo jamás antes. Las TICs se convierten en un eficaz mediador entre la realidad y el hombre, cuya concepción de la verdad acaba siendo moldeada por las funciones de personalización de contenidos.

La posverdad es entonces,  un producto lógico de la posmodernidad. Nada es más falso que la posverdad, la moda pos del fin de todo lo cierto nos impone una palabra nueva,  disfrazada de alternativa, pero Trump no fabrica posverdades, Trump y su equipo mienten, los medios masivos de comunicación orgánicos del capitalismo, no usan posverdades, mienten, las grandes plataformas tecnológicas de Internet, no utilizan posverdades, mienten.

Se  puede intentar esconder el contenido de una palabra, enmascarar su significado tras neologismos y teorizaciones, pero  la verdad es que las mentiras son mentiras.

[1] Fernándo Buen Abab Semiótica de las falacias: Ética entre la “Pos-verdad” y la “Plus-mentira” 4 julio 2017

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