La Historia sin sentido

Por: Asniel Rodríguez

Las ciencias sociales y la filosofía en particular se enfrentan a un problema fundamental en esta época; una cuestión que ocupó a grandes pensadores y academias de pensamiento en el pasado reaparece como un viejo fantasma en la actualidad. Este problema que ha desvelado a no pocos, reside en determinar si el movimiento de la historia es singular o predecible.

  Analizando los hechos históricos, los pensadores de una de las corrientes ocupadas en estas tareas, habían conjeturado una determinada lógica en el desarrollo histórico, estableciendo patrones que se desprenden de la correlación entre lo común y lo singular en la historia, y generalizando estos patrones crearon las teorías que le presuponían un movimiento dialéctico.

  Otra corriente negaba estos enunciados y trataba de demostrar su discontinuidad; estos últimos, enfocándose en las particularidades de los sujetos aducían que sus arraigos a determinadas culturas, condicionaban sus modos de pensar y actuar y que estos no cambiaban durante siglos. Para ellos, cada cultura era tan singular, que no tendría sentido trazar una línea única de evolución.

  Hoy sin embargo sería imposible pensar la historia -generalidades aparte- y los pueblos por encima de su cultura o religiones parecieran coincidir, en la aceptación de un enunciado como universal e irrefutable; este enunciado, que como derrotero condiciona las actitudes, los pensamientos y los deseos de millones de personas, es ¨la posibilidad de alcanzar la felicidad y la plenitud a través del consumo ilimitado¨.

Este enunciado además condiciona una pregunta imprescindible en la actualidad:

¿De qué forma millones de personas con diferentes lenguas y culturas han aceptado esta idea como su filosofía de vida?

Una conclusión sobre esta problemática, se enfrentaría a un obstáculo que ha sido una constante en lo que a las ciencias sociales se refiere.

Este problema es el tropiezo que encuentran las teorías en ser aceptadas por las mayorías, en particular cuando se debaten entre modificar o conservar el orden de cosas existentes.

Analizando los hechos históricos se puede advertir fácilmente que las sociedades a través del tiempo, han estado regidas por diferentes sistemas, que en un determinado momento han sido sustituido por otros superiores. Partiendo de estos hechos la percepción de la historia como una sucesión donde cada sistema político, económico y social será superado en un momento por otro parece correcta, pero ¿cómo podría esta teoría explicar su aparente estancamiento en un determinado momento?

Se pretenderá aducir que la obstinada permanencia del capitalismo es la prueba de que la teoría antes mencionada no es correcta y que no nos sirve a la hora de entender la historia; pero si vamos hasta el fondo en esta cuestión algunas verdades irrefutables se le revelarán inevitablemente.

Podría decirse que a partir de la década de los 60 del siglo pasado, las revoluciones en el campo de las comunicaciones, la informática, la cibernética, la medicina, la biología y las neurociencias; permitieron un salto gigantesco a las ciencias sociales. A partir de esta fecha y en adelante se pudo conocer más y mejor la sociedad que en todos los siglos pasados.

  Bancos de datos gigantes donde se almacenan informaciones de millones de personas; sus gustos, costumbres, deseos, ideologías, culturas, hábitos, sus huellas informáticas; están al alcance de los investigadores de los centros de ingeniería social. Una nueva serie de descubrimientos se ponen en práctica a espaldas del mundo, se está viviendo el punto álgido de la época de los experimentos sociales, pero la mayoría desconoce estos sucesos.

  Ya en el año 2010 un ordenador ejecutando un software corriente y analizando una pequeña parte de la huella informática de una persona, podía determinar de forma acertada su perfil psicológico.

  Estos descubrimientos aplicados al estudio de la sociedad están permitiendo grandes saltos a las ciencias sociales, que en el pasado solo pudieran haber sido pensados por un escritor de ciencia ficción.

La monopolización de los medios de comunicación y la manipulación de las masas a través de estos, el inicio de una época en que la subjetividad de los individuos es eyectada en las redes sociales, dando una estocada de muerte a la privacidad; la fabricación de la verdad y la creación artificial del consenso; pueden haber dado nacimiento a una nueva era, donde el movimiento de la historia se manipula conscientemente y de acuerdo con los intereses de determinadas élites de poder.

Tal vez por eso, las teorías que sirvieron para entender su evolución natural en el pasado, no sean funcionales en la actualidad.

Partiendo de que este enunciado sea correcto algunas preguntas se imponen para calmar el espíritu de quien analiza estas cuestiones: ¿Tenemos que aceptar los que queremos cambiar el mundo que este sistema es insuperable? ¿Debemos admitir que esta es la única forma de vida posible y que la historia se ha detenido? ¿Cómo debemos entender la historia en la actualidad?

Tal vez algunos se habrán preguntado el porqué de la importancia de esta pregunta; yo infiero que la razón de su centralidad se debe a que la aceptación de que la historia avanza constantemente y que cada sistema en un momento será superado por otro, daría contenido y apuntalaría la disidencia.

Contrario a esto, la aceptación de que, en un determinado momento, la historia llegaría a un grado de desarrollo, donde un sistema podría instalarse permanentemente como una forma superior de gobierno; justificaría la tentativa de conservar este sistema y lo acreditaría como una forma superior de organización que debe ser conservado en nombre de la seguridad y el bienestar de las mayorías.

  Entre conservar lo existente o edificar un nuevo mundo, se debaten los pensadores de la actualidad.

Una cuestión que tal vez dificulte sus tareas es el hecho de que, a diferencia de sus antepasados, el quid de la cuestión no reside solamente en aportar alguna teoría que explique correctamente la evolución de la sociedad o de la historia.

En la actualidad el poder de transformar la realidad, no consiste en describir bien la verdad, radica más bien en hacer llegar una verdad a la mayor cantidad de personas posibles. Nietzsche expresó: No existen hechos, solo hay interpretaciones; y sin dudas el empeño fundamental del poder comunicacional, es hacer llegar sus interpretaciones de los hechos a la mayor cantidad de personas posibles.

Es por eso el afán de los monopolios comunicacionales de devorarse el mercado; necesitan que su verdad sea la única que llegue a la sociedad; no importa que otro grupo tenga una interpretación diferente de los hechos, ni cual interpretación describe mejor al mundo real.

  A los que mueven los hilos nos les incomoda que un pequeño grupo de intelectuales disienta contra su macabra maquinaria; las minorías les son indiferentes, ellos van por los grandes números.

  Ahora que la simultaneidad permite hacer llegar una idea, un concepto, o la interpretación de un hecho a millones de personas al mismo tiempo; ahora que es posible hacer estallar una crisis económica solo manipulando los sistemas informáticos; ahora que se pueden contratar los servicios de empresas como ¨Cambridge Analytica¨ para manipular las intenciones de votos de millones de ciudadanos y fabricar discursos convincentes para los políticos, la pregunta sobre si es posible manipular conscientemente la historia es más legitima que nunca.

Millones podrán obviar estos hechos, pero los despiertos estamos condenados a preguntarnos por el sentido de la historia, por el fin y por el significado de los fenómenos históricos; porque no queremos avanzar ciegamente hacia el desfiladero, porque creemos en un mundo mejor y como diría Benjamín ¨por el amor a los desesperados¨

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