Vasili Kandinsky: El genio de la vanguardia Rusa

Por: Miguel Ángel Muñoz

El museo del Palacio de Bellas Artes presenta más de 500 obras de los más grandes artistas de Rusia, de finales de siglo XIX y primeras décadas del siglo XX, que se pueden ver en la exposición Vanguardia rusa.

El vértigo del futuro. Se trata de una muestra que reúne pintura, instalación, arquitectura, escultura, carteles, caricatura, música, cine, dibujo, fotografía y objetos de utilería que fueron creadas por artistas como Vladímir Tatlin, Alexander Ródchenko, Kazimir Malévich, Serguéi Eisenstein, Vasili Kandinski, El Lisitski, Vladímir Maiakovski, Natalia Goncharova, Olga Rozánova y Varvara Stepánova.

Un grupo de grandes maestros determinantes para el arte que vendría después, durante el siglo XX, no sólo en Rusia, sino en Europa y en el resto del mundo. Esta exposición, concebida para su exhibición en México, reúne obras creadas entre 1911 y 1948, años del periodo de la vanguardia ruso-soviética.

El artista ruso Vasili Kandinsky (1866- 1944) ha proyectado una larga sombra en el arte moderno. Su pintura es un continuo viaje de asombros, de pasajes de la memoria interminables, que lo llevaron a Munich – aquí inicio sus estudios artísticos, en 1896, a los treinta años-, antes de la Primera Guerra Mundial, Rusia, después de una larga estancia en el Bauhaus, en Alemania, durante los años veinte, finalmente, en París.

Un vagabundo universal. Kandinsky es un icono de la vanguardia, y sus desconcertantes composiciones pictóricas, atraen con fuerza la mirada contemporánea, al margen de la compleja trama estética que desafía su despliegue estético.

No fue el inventor del arte abstracto, pero si el que más promovió el concepto de la abstracción ideal, en aquellos tiempos de cambios radicales en el arte de finales del siglo XIX y principios del XX. Su obra teórica costa de tres títulos: De lo espiritual en el arte, 1911; Mirada retrospectiva, 1901-1913, su escrito más personal, y Punto y línea sobre el plano, 1926, ensayo dedicado a los elementos gráficos en la creación artística.

En Kandinsky sorprende casi todo. Pintor, poeta, autor dramático, pero sobre todo coherente teórico del arte y perseverante pedagogo de sí mismo.

Pero lo que no sorprende, es que con Malevich y Mondrian, son los pioneros de un arte nuevo que renuncia al objeto y entiende las formas artísticas como la expresión acabada de un imperativo expresivo interior.

Kandisnsky, da el paso de la figuración a la abstracción -Pintura con borde blanco, es el mejor ejemplo- en un largo y lento proceso con avances y retrocesos, en absoluto lineal, y con un resultado de una profunda reflexión.

La obra de arte como la visualización de la presencia real de sensaciones y percepciones sensibles que sólo alcanzan la realización a través de las formas del arte. Un obstinado al extremo en sus imágenes: una vaca, una mujer y un árbol son figuras concretas en el estado natural, pero que cambian y se reconstruyen constantemente en la paleta imaginaria de Kandinsky; es decir, abstracciones que sólo la experiencia estética nos descubre.

En 1911 Kandinsky funda junto a Franz Marc y August Macke el grupo Der Blaue Reiter (El Jinete Azul), organizando diversas exposiciones en Berlín y Munich.

Un documento incomparable de nuestro tiempo, que suscitó el problema del nuevo “contenido” del arte, de la “construcción interior y mística”. Con ellos comparte alguno de sus supuestos, como el activo antinaturalismo que conduce a la abstracción, pero con ideas propias.

A los fauves se debe su preferencia por los estridentes colores primarios pero desconfiado siempre de la tendencia decorativa y suntuaria del extremismo cromático que “neutralizó” el arte de su compañera Gabriele Münter.

En estos años Kandinsky concede mayor atención al colorido cubista y difuso de Robert Delaunay y a las atenuadas cualidades ornamentales de la estética bizantina todavía activa en la iconografía popular rusa, una pasión confesada por el artista durante toda su vida.

Kandinsky pretende siempre un arte concreto, en el que las formas cumplen una función puntual. Un camino hacia la abstracción que no se considera la desviación gratuita del ilusionismo del renacimiento, ni la secuela del simbolismo cromático.

De esta época hay cuadros claves para entender esa transición creativa: El Jardín I, 1910; Paseo en barca, 1910; Fiesta de todos los Santos I, 1911, y, Otoño II, 1912, que dejan ver todavía objetos reconocibles, aunque la abstracción ya es reconocible.

La primera “época genial” de Kandinsky es la que pintó durante 1910 y 1920. Es Paisaje cerca de Murnau con locomotora, donde prepara el desarrollo de su visión abstracta. Una pintura evocativa. El artista distorsiona la naturaleza y la somete a una composición que recuerda el arte popular de Rusia, y saca a la luz la vida interior de las cosas, como si se tratara de un juego infantil.

Son años cercanos y de colaboración al artista alemán Franz Marc, ya que apuestan por un arte total que reúna música y teatro en un proceso de recuperación de los valores trascendentes de la obra de arte.

En 1910 culminan con las improvisaciones: un sorprendente Paisaje de Mornau y un conjunto de obras magistrales tituladas Compositions, serie de diez cuadros, y un número importante de bocetos. Por ejemplo, Composición 11 se perdió en la primera guerra, un cuadro descomunal, de 200 por 275 centímetros.

Pero contamos con el boceto preparatorio y con un estudio al óleo en el Guggenheim de Nueva York. En el dibujo se destacan los detalles formales de la composición, que en el óleo: se difuminan en un entramado de formas v colores regido por un fuerte dinamismo. Ningún efecto de perspectiva. Manchas de color que se afirman mediante una dinámica de contrastes.

Impresión III es todavía más elocuente. Surge tras el primer concierto de Arnold Schónberg en Munich en 1911, y desencadena las afinidades entre los dos artistas. Brillan el amarillo y el negro en tonos que deben ser disonantes. Es el momento de creativa absorción musical, de atrevidas analogías musicales que elevan el tono de la estética sensible del artista a la abstracción absoluta de la notación renovadora del compositor vienés.

El cuadro entendido como un drama sinfónico. Kandinsky aspira a “ilustrar armonías”: abandona la confrontación entre realidad natural y realidad pictórica y desarrolla un complejo de cualidades formales que se afianzan por sí mismas sobre la superficie del cuadro.

Ve” la naturaleza como un complejo de asociaciones y fuerzas, traducidas a elementos vivos del mundo del arte.

Para Kandinsky su exilio en París fue difícil, pero el impulso que le dio Mies Van der Rohe fue muy importante, en la difusión de sus murales de formas geométricas y estructuras abstractas que tanto influyeron en Joan Miró.

Sus últimos trabajos parisinos son un alud de signos ordenados casi gestualmente sobre diversos rectángulos. Figuras que divagan sobre el espacio pictórico trazando diversas composiciones. Algunas de sus últimas pinturas: Azul celeste (1940); Círculo y cuadrado (1943) El pequeño círculo rojo (1944), se caracterizan por el abandono de las composiciones geométricas de los años de la Bauhaus para practicar lo que los críticos han llamado “abstracción biomorfa”, por la frecuencia con que aparecen formas curvas y orgánicas.

“Este Kandinsky tardío -dice el crítico Guillermo Solana – puede ser un pintor más débil, pero es fascinante por sus extrañas afinidades, que lo vinculan a la vez a las dos tendencias rivales de la vanguardia de la época: la abstracción geométrica y el surrealismo”.

Es cierto, la potencia constructiva del color y su elocuente combinación, marcaron hasta el final el lenguaje y la obra de Kandinsky. Un artista que mediante la materialidad de la línea y el color, creo una de las obras más intensas y emotivas del siglo XX. Sin duda, un genial innovador del arte de las vanguardias.

Tomado de: La Razón

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