Venezuela, un “paquetazo” contra el imperio

Por: G. Colotti

“Nosotros ponemos el trabajo, los salarios y los trabajadores en el centro del proceso de reequilibrio y recuperación productiva para generar riqueza en el país. Para ellos, el centro de la economía es el capital “. De esta manera el presidente Nicolás Maduro explicó las medidas económicas iniciadas en Venezuela el 20 de agosto: un paquete de reformas que “va en la dirección opuesta a la del Fondo Monetario Internacional”.

Prevé una reconversión monetaria que ancla el equilibrio de salarios y precios al Petro, la criptomoneta lanzada a principios de año y respaldada por el petróleo, cuyo precio actual es de 60 dólares por barril.

La moneda nacional cambia su denominación de “bolívar fuerte” a “bolívar soberano”, pierde cinco ceros e, indexada al valor de la criptomoneda – una novedad en el mundo – corresponderá inicialmente a 3.600 bolívares soberanos Un plan de recuperación que, además de facilitar el mercado de divisas, lleva el salario mínimo, al que se fijan las pensiones, al equivalente de la mitad de un Petro, es decir, 1.800 bolívares soberanos. El aumento entrará en vigencia a partir de septiembre.

Mientras tanto, los trabajadores recibirán un bonus de 600 bolívares soberanos: para hacer frente al nuevo aumento de precios, decidido por las fuerzas que de hecho han impuesto una dólarizacion (ilegal y paralela), destruyendo el poder adquisitivo de los venezolanos. Una situación de la cual el gobierno bolivariano ha tenido que tomar nota, pero pasando a la ofensiva.

El paquete de medidas (económico, fiscal, social) de hecho busca desactivar los mecanismos especulativos apuntando las armas (del mercado) contra sus agresores. Se les pide a los empresarios que proporcionen la lista de empleados para recibir el bono que cubre los costos salariales. A pesar de esto, ya ha habido levantamientos de escudos de asociaciones comerciales, que consideran que existen demasiados problemas para proporcionar la lista de trabajadores.

“Si logran subir los precios cada media hora, también podrán extraer una lista de la computadora”, respondió el gobierno, prometiendo mano dura contra los delincuentes. En consulta con las asociaciones gremiales, se ha aprobado una lista de bienes de consumo, que deberá mantenerse a un precio moderado, y que estará exenta de IVA.

El aumento del IVA (del 12 al 16%) y el precio de la gasolina (prácticamente gratis en Venezuela, donde llenar un SUV cuesta menos que una botella de agua) afectará en proporción a las grandes fortunas y grandes empresas monopolísticas, notoriamente acostumbradas a la evasión fiscal incluso en un país donde la electricidad, el gas y otros servicios básicos son prácticamente gratuitos. Llevar el precio de la gasolina a los estándares internacionales servirá para desmotivar a las mafias que prosperan en las fronteras, especialmente la colombiana. Para los sectores populares, el subsidio directo se mantendrá a través del “carnet de la patria”, que permite limitar el fraude y el acaparamiento.

Con el mismo sistema se piensa poner orden en los precios del transporte impuestos por las empresas privadas, que participaron al boicot político organizado por la oposición. La derecha venezolana, dividida pero rabiosa, el martes 21 convocó una huelga general y muchos comerciantes serraron las tiendas. En cambio, el chavismo ha reaccionado con la fuerza principal que lo ha apoyado durante casi veinte años: el poder popular organizado. Una poderosa manifestación acompañó a los dirigentes bolivarianos por las calles de Caracas hasta Miraflores, para reafirmar el apoyo al presidente Nicolás Maduro.

En el lanzamiento de estas medidas se destaca la relación de fuerzas entre las clases, evidenciando un choque de intereses, incluso dentro del gobierno, entre grupos burocráticos parásitos y los que empujan hacia esa “transición al socialismo” que muchos querrían hundir. Derechas y presuntos izquierdistas desorientados intentaron presentar el paquete económico como “neoliberal”, llamándolo “paquetazo rojo” y comparándolo con el plan de ajustes impuesto por el FMI al progresista Carlos Andrés Pérez en 1989, y que provocó la revuelta espontánea del Caracazo.

Una burda falsificación histórica, basada en una evidente reversión de términos, tanto más sospechosa cuanto que proviene de aquellos que consideran al neoliberalismo como la única receta posible. ¿Qué credibilidad puede tener la oposición venezolana, cuyos sectores son responsables de la feroz guerra económica impuesta en los últimos años para liberalizar la economía venezolana cuando se presenta como defensora del poder adquisitivo contra la inflación?

Un momento después del anuncio del gobierno, los precios de los productos básicos han subido a niveles que son irrazonables incluso para el mercado capitalista de los países europeos.

¿Qué credibilidad pueden tener esos insípidos “comentaristas” italianos que han digerido y respaldado todo tipo de “paquetazos” antipopulares eliminando los obstaculos al avance de la derecha actual? ¿Qué credibilidad puede tener el twitter del vicepresidente de América del Norte, Mike Pence, cuando dice que las medidas económicas del gobierno bolivariano “empeorarán las condiciones de vida de los venezolanos”?

No por casualidad, dirigiéndose a los más jovenes que no conocíeron los años de la Cuarta República, Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, envió al remitente las críticas provenientes de los países capitalistas, tanto latinoamericanos como europeos, invitándolos a preocuparse por los efectos de sus políticas en los sectores populares.

Recordó lo que está sucediendo en Argentina, donde el presidente-empresario Macri quisiera llevar a Maduro a la Corte Penal Internacional, mientras reprime las manifestaciones de los trabajadores contra sus políticas devastadoras, que han endeudado al país por generaciones.

En la 4 ª República – dijo Cabello – las fábricas fueron llevadas a la quiebra, privatizadas y vendidas al mejor postor. Aquellas medidas lanzadas por el gobierno bolivariano para salir de la crisis siguen siendo internas a la lógica del mercado, pero el marco es ciertamente opuesto a lo que tuvo que soportar el pueblo griego después de la rendición al FMI. El ojo con el que miramos al gobierno bolivariano en Venezuela no puede ser el mismo con el que los gobiernos de “centroizquierda” son evaluados en Italia, donde no solo el anticapitalismo, sino incluso el keynesismo, han desaparecido de la lista de posibilidades avanzadas.

Otro asunto es el de las fuerzas que impulsan, como lo hace el Partido Comunista venezolano por la plena asunción del control obrero y campesino, por la desarticulación de los monopolios, la nacionalización del comercio exterior y la neutralización de las mafias en la frontera y en el interior. Medidas que implicarían una mayor coacción por parte del poder popular, y ciertamente la salida precipitada de aquellos “ipercríticos” del teclado, listos para gritar en contra de “la dictadura”.

¿En qué contexto están las reformas hechas ahora por el gobierno bolivariano? En un contexto de debilidad por la integración regional y por aquellas fuerzas que defienden “la Patria Grande” soñada por Bolívar. Ganar un partido derrotando al enemigo en su propio terreno, por lo tanto, no es poca cosa. Es una indicación concreta para todos los pueblos que luchan, dentro y fuera del continente latinoamericano: el socialismo es el único camino de emancipación, igualdad e independencia.

A través de su cuenta de Twitter, Pence le pidió a Maduro que “autorice la ayuda humanitaria y restaure la democracia en el país”. El buque militar de los EE. UU. avanza y amenaza ahora bajo la apariencia de asistencia médica. En septiembre se repetirán las operaciones conjuntas en la Amazonía entre los Estados Unidos y los gobiernos neoliberales dispuestos a resolver el conflicto de clases con la eliminación física o juridica de aquellos que realmente quieren cambiar las cosas.

Luego del intento de masacre con los drones explosivos que deberían haber decapitado a la dirección bolivariana, en las redes sociales, el terremoto que sacudió a Venezuela ayer parecía más que una advertencia, efecto de ese “Proyecto Haarp” con el que los estrategas del Pentágono buscan manipular los fenomenos naturales.

Más allá de las conjeturas, queda la reacción muy concreta del imperialismo en su crisis de hegemonía, decidido a oponerse a la “ola bolivariana” con todos los medios: incluso multiplicando el apoyo a sus peones internos, listos para desactivar las medidas económicas que garantizan a los trabajadores.

Por esto, se necesita un control real, basado en reglas ciertas, pero sobre todo en el poder popular organizado. En Venezuela -recordó Maduro- existe una ley avanzada que permite a las instancias populares denunciar especulaciones e irregularidades impositivas.

“Aquí – dijo Diosdado Cabello – si hay una revuelta no será contra el gobierno, sino contra las fuerzas capitalistas y para hacer la revolución”.

GeraldinaColotti

Tomado de: Faro di Roma

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