Imperio, no es con soldados

Imperio, no es con soldados
Por Salvador Capote
En general, y muy especialmente en el escenario centroamericano, la política migratoria de Estados Unidos está muy lejos de lo que pudiera y debiera ser una poderosa herramienta de lucha contra la pobreza y la desigualdad. Estados Unidos cierra sus fronteras a los migrantes de Centroamérica y continúa con sus operaciones masivas de deportación, lo cual aumentará en esta región, vertiginosamente, el desempleo y las remesas de divisas, creando un círculo vicioso de ingobernabilidad y de inestabilidad que, lejos de disminuir la migración, la llevará, por el contrario, a niveles nunca vistos no solo cuantitativa sino cualitativamente por su alto grado de airada frustración.
La propaganda anti-inmigrante en Estados Unidos está llena de mitos y estereotipos negativos. El presidente Donald Trump se refiere con frecuencia, por ejemplo, a la mara Salvatrucha o MS-13 para criminalizar a los migrantes centroamericanos, como si estos países exportaran sus pandillas a los Estados Unidos. ¿Será que no sabe que la MS-13 se originó en Los Angeles, en la década de 1980 y fue a parar a El Salvador y a otros lugares debido a las políticas de deportación estadounidenses?. MS-13 surgió en el vecindario de Pico-Union, al oeste del “downtown” de Los Angeles, como autodefensa contra pandillas ya existentes desde mucho antes. De acuerdo al diario Los Angeles Times (1), las políticas de deportación de Estados Unidos contribuyeron a aumentar el tamaño y la influencia de la mara tanto en Estados Unidos como en América Central.
Después de casi 40 años de arrestos y deportaciones (solo en la operación “Community Shield” de 2011 se produjeron más de 20,000 arrestos) y después de gastar muchos cientos de millones de dólares en medidas de represión, la mara salvatrucha ocupa hoy más territorio y es más poderosa que nunca. Empeñarse en una política que ha fracasado durante tantos años, hacer una y otra vez lo que tantas veces no ha dado resultado, no creo que ofrezca a los empeños del presidente Trump muchas posibilidades de éxito.
Lo mismo pudiéramos decir de la mara Dieciocho, conocida también como “18 Street”, o simplemente La 18, que surgió también en Los Angeles, en el area de Union Avenue y 18th Street del Rampart District, como un desprendimiento de la  Clanton 14, originaria también de esta ciudad. La 18 es una mara multiétnica, primariamente de centroamericanos y mexicanos, integrada actualmente por entre 30,000 y 50,000 miembros. De nuevo, fueron las políticas de deportación de Estados Unidos las que lograron que esta mara se expandiera y fortaleciera en Centroamérica, en otros países y en su propio territorio.
De modo que, contrariamente al discurso oficial, fue Estados Unidos el que exportó las maras a Centroamérica, porque es en Estados Unidos donde se organizaron y  adquirieron la fuerza, los recursos y el alto grado de sofisticación que poseen actualmente.
Hay que señalar, además, que los integrantes de estas maras son fácilmente identificables por los tatuajes que con frecuencia les cubren todo el cuerpo. En las fotos y vídeos producidos por la amplia cobertura mediática que ha tenido la caravana de migrantes, no se observa participación alguna de mareros. La que sí resulta conspicua es la presencia de numerosas madres con niños pequeños y de familias completas, que no se cansan de insistir en su carácter pacífico y en sus sueños de encontrar trabajo y una vida digna.
Trump ha movilizado a miles de soldados hacia la frontera, y en sus “tweets” utiliza la palabra invasión para referirse a los hombres, mujeres, niños y ancianos que integran la caravana.  Es una guerra, pero no contra ejércitos extranjeros; tampoco contra la pobreza sino contra los pobres.  ¿Cuánto sufrimiento habrá de causar antes de que entienda que solamente atacando las causas de la desigualdad y la marginación es posible detener los crecientes flujos migratorios?. ¡No es con soldados que se gana esta batalla!. 
Otro mito es la apologia de la migración legal como pretexto para condenar la que califican de ilegal. Es, sin duda, el argumento que más confunde. Pero la falacia se transparenta cuando constatamos que las oportunidades que tiene uno cualquiera de los integrantes de la caravana de obtener visa de entrada en los Estados Unidos son tan pocas que podemos afirmar que están muy cerca del cero. Prácticamente no hay forma de que puedan entrar legalmente en Estados Unidos y, si la hubiera, demoraría demasiado y el hambre no espera, la miseria no espera.  
Los centroamericanos que pueden aspirar a  visa de entrada y residencia en Estados Unidos son otros, los que pueden demostrar su solvencia y pagar los trámites y boletos de avión, y aún así es muy difícil; pero no ciertamente los que a pie cruzan ríos y atraviesan países, cargando a sus hijos bajo el sol y la lluvia, para llegar a la frontera de Estados Unidos. Y llegados a la frontera, ¿a cuántos de la caravana les permitirán solicitar asilo y a cuántos se lo concederán?. –No parece que sea esa la intención, porque el populismo xenófobo que se promueve desde el poder ejecutivo exige intolerancia y hostilidad.
Cuando lo que se exacerba es el miedo y el egoismo, no hay que esperar justicia ni bondad. A los migrantes centroamericanos los mueve la esperanza. ¡Que nos mueva a nosotros la solidaridad!
(*) López, Robert J., et al.: “Gang uses deportation to its advantage to flourish en the U.S.”, Los Angeles Times, Oct. 30, 2004.

 

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